Entrevista con Álex Muniente

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“En Barcelona viven Dragones para todos los gustos”

Álex Muniente, ponente de la conferencia “Barcelona y los Dragones: una relación bastante llameante"

     

A lo largo de la superficie metropolitana de Barcelona residen un millar de Dragones; claro está que no son criaturas de carne y hueso sino estatuas, efigies y demás manifestaciones artísticas, cada una con sus propios secretos y anécdotas.  Hablamos con Álex Muniente sobre este tema y la proyección de tan mítica criatura sobre la ciudad.

¿Hay espacio suficiente para tantos Dragones en una sola ciudad?

(Risas) No lo afirma un servidor vuestro, sino el propio ayuntamiento. De hecho, a Barcelona se la conoce también como <<la ciudad de los Dragones>> desde un punto de vista internacional. Por ahora, se han catalogado unas 500 muestras artísticas pero se calcula que al menos existe el doble.

¿De dónde viene esta inquietud por los Dragones?

Es una larga historia, como se suele decir. Como colaborador en prensa dedicado a temas de arquitectura y rehabilitación de inmuebles, con frecuencia veía las representaciones urbanas de esta entidad. Solo faltó que en el 2004 publicara <<el libro secreto del Dragón>> para que esta pasión subiera de tono. De repente, me di cuenta de que en la ciudad había mucho más que cuatro estatuas mal repartidas, sino un motivo artístico constante.

Muniente 002¿A qué se debe que el Dragón tenga tanta profusión en Barcelona?

Barcelona es un elemento amalgamador de la cultura catalana; y el Dragón supone un rasgo muy característico de esta cultura. Pensemos que san Jordi es el patrón regional, y durante el primer milenio tuvo mucho trabajo aquí como “matadragones”. Las historias de Dragones abundan en el medievo catalán, y rara es la población local que no tenga a <<su>> Dragón pululando.

¿Y qué papel jugaba en estas historias?

Pues no siempre era <<el malo de la película>>; Al Dragón podemos encontrarlo como el guardián de algún secreto, y no precisamente terrenal. En su faceta principal, custodiaba desde el saber oculto de los alquimistas hasta los arcanos relacionados con el santo Grial o manifestaciones similares. Vencerle de alguna forma implicaba apoderarse de ese conocimiento.

A la iglesia no le caían especialmente bien los Dragones.

¡Bueno, es que también representaban al espíritu de las religiones paganas! O sea, eran la competencia directa a su labor de proselitismo. Más adelante, incluso se le asoció con las hordas sarracenas a causa de su carácter depredador. San Jordi y sus socios eran el antídoto contra su presencia.

Líneas argumentales

Y tanta simbología, ¿cómo afecta al Dragón barcelonés?

Como os explicaba antes, Barcelona era una amalgama cultural. El Dragón apareció entre sus calles tras las incursiones del caudillo árabe Almanzor, hacia el año 1100 de nuestra era. Tan pronto era un símil del mal que representaba ese personaje como reflejaba la necesidad de contar con una especie de amuleto protector, el cual se esculpía en las viviendas.

¿Será entonces en este momento cuando arranca la presencia del Dragón en la ciudad?

En cierto modo, porque apenas hay documentación histórica. La conferencia que impartiré en MagicSummer se fundamenta en los escasos datos disponibles. Se sabe, por ejemplo, que el culto de san Jordi apareció por el año 500 de nuestra era, al mismo tiempo que en otros lugares se mencionaban las gestas de san Patricio o santa Margarita. Ignoramos qué papel jugaba en la época de los romanos o los visigodos acerca del Dragón, por poner un ejemplo.

¡Pues sí que son misteriosos los Dragones!

Todo cuanto concierne al Dragón es un misterio. Los medievalistas han extraído algunas conclusiones examinando los bestiarios e incluso algún que otro grimorio, pero siempre se encuentran que falta algo intangible. Pensemos que por aquel entonces el desarrollo científico dejaba mucho que desear, en parte gracias al oscurantismo vigente…

Da la impresión de que los Dragones existieron realmente.

En cierto modo. ¿Sabéis qué definición ofrece sobre el Dragón el diccionario británico de Webster? Pues que es una bestia fabulosa que no se parece a ninguna otra. Si en aquella época veías un cocodrilo o un rinoceronte, lo primero que te venía a la cabeza era que estabas contemplando a un Dragón. Y de ahí, las deformaciones y exageraciones surgían.

¿Nos quieres dar a entender que los Dragones eran otra cosa, entonces?

Por desgracia, en demasiados casos así fue. El Dragón de los cuentos de hadas es una solemne fantasía, pero si lo reducimos a su mínima expresión podríamos encontrarnos sorpresas. En los primeros tiempos, recordaban a las serpientes gigantes y me permito recalcar que los ejemplares británicos casi siempre los pintaban con esa apariencia. No en vano, ellos les denominaban Worms o gusanos.

Muniente 003Volvamos a la conferencia. Si a lo largo de la historia la apariencia del Dragón ha cambiado, ¿sucede lo mismo con los Dragones de Barcelona?

A lo largo y ancho del núcleo urbano hay representantes de todos los tipos. Junto al clásico Dragón de siempre tenemos Wyvernas (solo dos patas), Cucaferas (serpientes gigantes) o incluso Grifos (cuerpo de león y alas de águila). Cada ejemplar marca una época y, sobre todo, un estilo artístico que ayuda a comprender cuál fue el pensamiento de sus creadores y lo que deseaban plasmar.

Nos hablas de los Grifos, pero de Dragón poco tienen que digamos.

Por increíble que parezca, son primos hermanos, o al menos así figuraban en los bestiarios. A un nivel esotérico, simbolizan el oro alquímico obtenido mediantes artes mágicas. Antaño solían decorar los exteriores de la vivienda para dar a entender que se dominaban tales procedimientos. Y es curioso, porque su presencia en Barcelona es mayor que la del propio Dragón. Como decía Borges: el Dragón adopta múltiples formas, cada una más inefable que la anterior.

¿Podrías adelantarnos algunos ejemplos de este ejemplar?

Sin ir más lejos, el propio ayuntamiento de la ciudad, en la Pza. sant Jaume. Junto a los emblemas gremiales hay uno, enfrentado justamente al Dragón que aparece en el primer piso del palau de la Generalitat. También se les puede divisar en numerosos edificios públicos, pero de eso ya os hablaré con más tranquilidad en la conferencia.

Y de su papel como Guardián, ¿qué nos podrías añadir?

Pues podría añadir bastante más, ya que la ciudad está llena de ejemplos. Tenemos gárgolas por doquier, murales, esculturas… la lista sería tan extensa que nos pasaríamos días y días hablando sin acabar nunca. Eso sí, lo que actualmente puede admirarse casi no tenía ni punto de comparación con lo que antes existía.

¿Qué quieres decir con esto?

La primera parte de la historia de la ciudad con los Dragones se centra en su fachada más antigua; es decir, cuando el núcleo urbano vivía encerrado en las murallas. La verdadera proyección de esta criatura se inicia a partir del s. XVIII, y más concretamente, a partir de 1714. Cada 11 de septiembre se recuerda en Catalunya lo sucedido…

¿Y cómo se relaciona aquel conflicto con el tema?

El duque de Berwick, comandante en Jefe de las tropas borbónicas, arrasó las poblaciones que rodeaban Barcelona y buena parte del propio recinto urbano. La inmensa mayoría de las manifestaciones artísticas relacionadas con el Dragón quedaron reducidas a escombros. Tan solo sobrevivieron una cuantas muestras aisladas, como la Casa del Comendador, situada en el casco antiguo de la ciudad. Después, en 1841 se repitió la hecatombe con el bombardeo de Espartero.

Sorprende que todavía quede algo en pie.

Por paradójico que parezca, tanta destrucción trajo consigo un renacimiento cultural en Catalunya, resucitando las viejas creencias.  El modernismo se nutrió con la figura del Dragón, entre otras, buscando recuperar unas raíces místicas emparentadas con los orígenes populares. A este movimiento artístico le debemos además los ejemplares más pintorescos que hoy pueden admirarse.

Y también tenemos a Gaudí, ¿no es así?

¡Cómo no! Aunque se le asocie con el modernismo, don Antonio Gaudí era un estilo arquitectónico en sí mismo. Y además, hoy es uno de los art&iacutiacute;fices de que Barcelona sea conocida como la urbe de los Dragones. Siempre que pudo, hacía esculpir un Dragón en todas y cada una de sus construcciones. Y siempre, con un doble sentido implicado.

¿Transmitía mensajes ocultos a través de sus obras, quizás?

La mente de Gaudí trabajaba en diversas áreas simultáneamente. Lo que quiero exponer es que sus trabajos mostraban una simbología variada y en niveles sucesivos. La mera presencia de un Dragón a la entrada de las construcciones quería abarcar otros significados más profundos. Pero de eso mismo, también se hablará en la conferencia.

Así pues, La Pedrera, el Park Güell o la finca Bellesguard… ¿contienen  claves iniciáticas?

En la obra de Gaudí nada se dejaba al capricho o al azar. Por eso mismo su legado es tan apasionante. La mitología clásica aplicada al esoterismo y a la razón matemática encontró en este genial arquitecto una muestra única de proyección; y, en el Dragón, el vehículo idóneo para plasmarlas.

Visiones panorámicas

Es extraño que nadie más se fijase en la relación que tiene la ciudad con el Dragón.

Existen varios libros sobre el tema. Quizás el más famoso sea <<Drakcelona, la ciudad de los Dragones>>, aparecido en el 2009, y también se han celebrado exposiciones puntuales. El problema radica en que son manifestaciones culturales muy limitadas en el tiempo, y dejan en el aire muestras que aún en la actualidad pasan desapercibidas. Tampoco asocian la faceta esotérica que se desprende del tema…

¿Por qué el Dragón nos resulta tan atractivo?

No existen motivos claros para entender esta atracción. Tal vez sea por su carácter tan esquivo, por sus capacidades o simplemente, porque nos fascina lo sobrenatural. En cada uno de nosotros hay <<algo>> del Dragón. Los griegos ya sostenían que moraba en nuestro interior, oculto entre las pasiones más brutales. Y el propio K.G. Jung explicaba hablaba de la <<lucha contra el Dragón>>, es decir, la lucha contra nosotros mismos, nuestra parte animal.

Muniente 001

¿Sería factible pensar que tanta representación del Dragón por la ciudad obedecía a criterios más intimistas?

¡No, en absoluto! (más risas) Barcelona es un conglomerado social con suficiente personalidad como para abarcar miles de manifestaciones diferentes. Seamos sinceros: en la ciudad hay Dragones para todos los gustos. Quienes solo busquen el capricho estético, no saldrán decepcionados; pero quienes busquen alguna cosa más trascendente, la ciudad les dará aquellas claves que les permitan acceder a dicho conocimiento. El Dragón, en este caso, constituye la llave de paso.

La llave de paso… ¿para qué?

Me limito simplemente a abrir una puerta que otros, de buena fe, me enseñaron en el pasado. El resto, depende del visitante y sus verdaderas intenciones porque me sentiría incapaz de defraudar a quienes me precedieron en este camino. Al Dragón, en su sentido más metafórico o metafísico, es imposible engañarle.

Antes, nos mencionabas que escribiste tiempo atrás un libro a nivel general sobre el Dragón. ¿Volverás a incidir sobre el tema algún día?

Confieso que me siento extremadamente tentado por la propuesta, aunque no por describir punto por punto dónde se encuentra tal o cual ejemplar por Barcelona. Publicar en estos momentos supone una actividad muy difícil, y me encantaría presentar un nuevo libro sobre el tema, con más contenidos y capítulos, basado en lo que aprendí desde entonces. Si por alguna asombrosa casualidad a un editor  le interesase la propuesta, ¡Que sepa que soy su hombre!

No obstante, eres más conocido por la aparición el año pasado de <<Menkaura>>, una obra de mayor volumen y temática muy distinta.

Me costó doce años que viera la luz, pero las historias con misterios egipcios y enfrentamientos entre hermandades iniciáticas en la Barcelona del s. XIX tienen más cabida entre los lectores, que no un ensayo sobre Dragones. Y que conste, también me encantaría repetir la experiencia de <<Menkaura>> con alguna historia similar. En Barcelona y alrededores se han producido multitud de misterios y sucesos extraños que nunca aparecieron en los mass media. Ni aparecerán. Sería una forma de recordarlos y hacerles justicia.